Las Torcas de Fuentes







Después de un par de artículos muy acuáticos, hoy toca paraje de secano, aunque con mucha suerte no lo es en absoluto. El otro día me acerqué a las Torcas de Fuentes, esperando ver inundada la Torca del Agua. Confiaba yo en que la primavera lluviosa habría colmado el drenaje de la Nava de Fuentes y la dolina estaría encharcada. Ingenuo de mí, pues esta singular torca solamente carga agua en unas circunstancias muy concretas, pero no adelantemos acontecimientos. 

Torca, como es sabido, es el nombre popular en media España para designar a las dolinas de subsidencia. De la raíz verbal protoindoeuropea *TERK (variante participio locativo *TORK), “girar, rotar, voltear, apretar”. Es el más lejano origen de palabras como tornillo, retorcer, tuerca, torque, torre o tortura, entre tantas otras. Por extensión semántica, todo lo que gira imprime un movimiento circular, aunque acabe sirviendo para designar objetos “ascendentes” y objetos “descendentes”, que solamente tienen en común ser circulares. Como ascendentes, el más evidente es el TURRIS latino. También en celta antiguo, *TÒRR es una peña o una colina redonda aislada, que deriva en TOR en galés y gaélico irlandés, TWR en gaélico escocés y TAR en dialectos célticos meridionales, como aparece en Tarascón, Tarazona o Tarancón. Sin embargo, esta última variante también genera el occitano y el antiguo catalán TRAUC (variante TROC, francés TROU), “agujero, pozo circular”. Sin duda por un antiguo préstamo, en vascuence vizcaíno tenemos TROKA con el mismo significado. En áreas de dominio del castellano aparecen las formas TORCO (documentada en 927 y todavía frecuente en la toponimia actual), TURCO (muy escasa) y TORCA (la forma más habitual, ya documentada en el siglo XIII). Son, de entrada y de nuevo, agujeros circulares en general. En Cantabria, por ejemplo y como he tenido ocasión de comprobar, rara vez se aplica a las dolinas (omnipresentes en el paisaje de la Montaña), sino a las simas de boca redonda. En Cuenca por el contrario, como en tantos otros lugares de la vieja Castilla, una torca es una dolina de hundimiento, más o menos circular, provocada por la erosión de las aguas subterráneas, sin duda la manifestación más espectacular del modelado kárstico.

No hace mucho dijimos que en la provincia de Cuenca había un número muy considerable de conjuntos de dolinas, cosa que al parecer ha despertado cierta sorpresa. Los dos conocidos (y turísticos) son evidentemente las Torcas de Palancares y las Lagunas de Cañada del Hoyo, que además cuentan con estudios geológicos exhaustivos. Hoy toca hablar de las cercanas Torcas de Fuentes, que pese a estar a un tiro de piedra de la ciudad de Cuenca son muy poco conocidas.

Se localizan a unos 7 kilómetros y medio, a vuelo de pájaro, al sudeste de la localidad de Fuentes, a cuyo término municipal pertenecen. Están ubicadas en la porción menos elevada del Páramo de la Tórdiga, antigua zona de pastos de veranada, que desde los 1.202 metros de altura (el puerto en la N-320) desciende progresivamente hacia el este, en un paisaje desolado salpicado de antiguos apriscos ganaderos. Las dolinas están a unos 1070 metros de altura. No obstante, el acceso más cómodo es desde lo alto del Puerto del Rocho, una vez pasado Fuentes por la N-420, hacia Teruel. En todo terreno se llega bien. El primer tramo es de buena pista, y el resto de caminos pedregosos. En un vehículo normal, si el terreno está seco, puede uno acercarse de forma inversamente proporcional a lo que el dueño aprecie a su coche. Un servidor, como siempre, recomienda caminar al menos en el tramo final, que es la mejor forma de conocer el terreno y de no perturbar.

Es una zona geológicamente muy interesante: al norte, áreas de aluvión con presencia de yesos flanqueadas por lomas y muelas calizas de escasa altura, todavía con cuerdas de sierra bastante elevadas (como el Talayuelo, con 1.234 metros). Al sur, vallejos someros enmarcan hermosas dehesas históricas de pastizal y bosque, como los Navarramiros, Fuente del Espino, Alcolea, Fuenlabrada o Los Llecos (otro topónimo prerromano, curiosa y poco conocida propiedad del Ayuntamiento de Cuenca). De nuevo al norte aparecen dos cuencas cerradas, pequeños poljés de suave orografía, las navas de Fuentes y Reíllo (hablando de toponimia prerromana, “nava” es otro antiguo vocablo que alude precisamente a la presencia de una cuenca endorreica). El Páramo de la Tórdiga es un lapiaz extenso y muy descarnado, resultado de la pobreza del suelo combinada con siglos de pastoreo intensivo. Tiene un gran parecido con Tierra Muerta, y como ella exhibe una vegetación raleada de pino negral, quejigos, encinas y grandes sabinas albares. Como todo lapiaz que se precie es árido, áspero en invierno y en verano, escaso en agua superficial. Presenta, como no podría ser de otra manera, una importante karstificación, que se hace evidente en las retículas de diaclasas que lo cortan en todas direcciones (básicamente de SO a NE), y por supuesto en las dolinas.

Las Torcas de Fuentes son tres, orientadas casi perfectamente de norte a sur: la Torquilla (o Torqueta, o Torca Chica), la Torca del Agua y la Torca del Tío Regalo. Las tres son de forma ligeramente elíptica, aunque de dimensiones muy variables. La Torquilla tiene un diámetro medio de unos 60 metros, la Torca del Agua de unos 180, y la Torca del Tío Regalo, de unos 130 metros. También las profundidades son muy diferentes. La Torca del Agua roza los 45 metros de cota, mientras que la Tío Regalo tiene poco más de quince, y la Torquilla sobre los diez, en sus puntos más profundos.

El alineamiento casi perfecto apunta a una formación a favor de una potente diaclasa en dirección norte-sur que muy probablemente sea el drenaje kárstico de la Nava de Fuentes, al norte, aunque la zona durante décadas ha sido refractaria a todos los intentos de exploración espeleológica.

Al sur, la Torca del Tío Regalo es un potente sumidero. La formación de la dolina provocó que las aguas superficiales que descendían del puerto de la Tórdiga (el Arroyo de los Aceiteros y otras vertientes, todas de carácter estacional) perdiesen su viejo cauce y fueran atrapadas por la subsidencia, que ha sufrido un proceso de colmatación y relleno intensivo, con un cono de deyección con bloques de un gran tamaño, que recuerda casi una morrena glaciar. Viendo la extensa zona de captación de estas vertientes, se comprende hasta qué punto pueden ser violentas estas crecidas, que la dolina detiene en seco. Hace años vi bajar la rambla en carga durante un episodio de lluvia torrencial y fui testigo (calado como una rata) de la inundación súbita de todo el fondo de la dolina, con el agua girando en un remolino fenomenal de espuma turbia y vegetación arrancada, aderezada con una escenografía wagneriana de rayos y truenos que metía miedo. Al día siguiente la torca estaba complemente seca, aunque parecía que hubiese pasado un tornado por su fondo. Seca una, porque la otra no.

Porque la Torca del Agua es la realmente singular. Por lo que yo sé, es la única dolina caliza de carga esporádica de la provincia de Cuenca. Esto es, que las más de las veces está completamente seca, pero muy de vez en cuando (pueden pasar años) sorprende con la aparición en su fondo de una preciosa laguna, al estilo de las de Cañada del Hoyo, de aguas oscuras y de un diámetro considerable (puede llegar incluso a los 75-80 metros, aunque la he visto formarse con unas dimensiones mucho menores). No fue ni mucho menos la única que tuvo esta propiedad, si nos atenemos a lo que cuenta Mártir Rizo en su Historia de Cuenca (1629) de unas desconocidas Lagunas de Cañada del Hoyo:

“En la Cañada tienen los Marqueses [de Cañete] una dehesa, que llaman del Hoyo… en su termino se descubren catorce lagunas portentosas, todas en espacio de media legua, las siete suelen secarse, y las otras siete son tan profundas que no se les hay suelo. Algunas crían gran número de pescados diferentes, y monstruosos: tanto, que me han certificado, que los pescadores que los vieron, se valieron entonces más de sus pies huyendo, que del provecho de sus redes”.

De aquellas catorce lagunas de Cañada, la erosión y el proceso de colmatación a lo largo de varios siglos han acabado con las siete lagunas temporales, y dejado las siete permanentes que podemos contemplar hoy en día. Dentro de otros cuantos cientos de añitos se colmatarán los dos Lagunillos, y quedarán cinco. En Fuentes, de no ser por la captura de los arroyos, la Torca del Tío Regalo quizás tendría la misma propiedad, pero la diferencia de cota del fondo con la Torca del Agua (unos 25 metros) evidencia hasta qué punto se ha rellenado.

Desconozco si existe algún estudio de la secuencia de carga de la laguna según el régimen de precipitaciones, porque no hay una correlación exacta. Está claro que únicamente ocurre en años de pluviometría muy abundante, con el consiguiente aumento de los niveles freáticos. Tanto la Nava de Fuentes como la de Reíllo pueden llegar a inundarse en su parte más baja, momento en que la Torca del Agua carga su laguna negra por la elevación del nivel piezométrico. A veces no es necesario tanto, y basta un pequeño empujón… en forma de un deshielo súbito o un par de días de buenas trombas de agua que saturen la red subterránea, y si el Tío Regalo sume, mejor que mejor. Volviendo al principio, el otro día mi ilusión poco duró: la primavera ha sido lluviosa, pero no tanto. Pero si alguna vez oyen vuesas mercedes que la Torca del Agua de Fuentes se ha llenado, no pierdan el tiempo, pues la laguna es efímera, y pueden pasar años antes de que vuelva a suceder.

Queda la última de las tres, la pequeña Torquilla. Después de las otras dos, poco parece, aunque debo de añadir que en el rigor de la paramera, la sombra y la hierba verde del fondo hace que sea el lugar ideal para zamparse el bocadillo, que no hay que olvidar que el campo da hambre. Pero precaución con la mosquita muerta: actúa a su vez como zona de drenaje de otra pequeña cuenca cerrada, el Navazo. Precisamente, a tenor de la tensión que parecen estar sufriendo las diaclasas laterales (síntoma de una progresiva comba de la estratigrafía), no parece descabellado pensar en la futura formación de una cuarta dolina en este lugar. Una dolina tremenda, me permito añadir. De hecho, el mismo proceso está en marcha a lo largo de todo el paraje. En un impreciso futuro, es muy posible que todo el terreno acabe colapsando y formando una enorme uvala, o unión de dolinas. Qué grima, voto a bríos. Me vuelvo al coche.

PD. Después de escribir estas líneas, y según me informa mi querido primo y experto conocedor de la Serranía, Toni Virtudes Segarra, la Laguna Seca, en el complejo de Cañada del Hoyo, puede cargar agua en condiciones excepcionales de pluviometría. Así que no sería una, sino dos, las dolinas en Cuenca que tienen la capacidad de inundarse estacionalmente. 


Llegando a las Torcas, desde el Puerto del Rocho. No son visibles hasta que se está casi encima. Una primavera pasada por agua ha hecho florecer el páramo. Normalmente no está tan verde, ni mucho menos.


Imagen aérea de las Torcas de Fuentes. De norte a sur, la Torquilla, la Torca del Agua y la Torca del Tío Regalo. En la Torca del Agua, los dos anillos concéntricos verdes de su fondo marcan el nivel máximo de inundación. En la del Tío Regalo, se aprecia perfectamente a la izquierda la captación, por el hundimiento de la dolina, del sistema de escorrentía que desciende del Puerto de la Tórdiga. Aguas abajo, el arroyo se rehace (Arroyo de las Torcas) y las aguas estacionales acaban finalmente en el Guadazaón, a la altura de Monteagudo de las Salinas. Aquí el color de la imagen da una mejor idea de la desnudez del lapiaz. Se aprecia perfectamente la red de diaclasas, en ocasiones muy marcadas. El paraiso de un espeleólogo, si hubiese por donde entrar. De momento la red subterránea ha demostrado ser hermética.



Un buen ejemplar de sabina...


Cortes de diaclasa en superficie.


  


Ya desde lejos se atisba la Torca del Agua, en el fondo de su suave vaguada.


La Torca del Agua. La mayor de las Torcas de Fuentes. Vacía... una pena. He estado buscando fotos antiguas de hace años con la laguna llena, y alguna he encontrado, pero en diapositiva. Así que lo siento. Buscando en Internet he localizado alguna, que no es mía y no voy a utilizar aquí, pero que se puede encontrar fácilmente.


Senda empedrada de bajada a la Torca. Fue un lugar muy frecuentado de ganados, cuando los había. Si no servía para abrevar, por lo menos para los buenos pastos del fondo. 


   


  


Potente diaclasa en el costado oeste de la Torca del Agua. Está activa, como otras en este lugar. El terreno dista mucho de estarse quieto aquí


   


   


  


  


  


De camino hacia la Torca del Tío Regalo.


   


Torca del Tío Regalo. A la derecha la entrada del Arroyo de los Aceiteros a la dolina, con el cono de material de mayor tamaño. Toda la dolina está muy colmatada por los continuos aportes de material de la rambla.


  


Entrada de aguas a la dolina. Un verdadero torrente, tallado a golpe de crecidas y avenidas.


  


Cono de deyección de material de arrastre, en el fondo de la dolina.


Bordes de la Torca del Tío Regalo.


  


  


De vuelta a la Torca del Agua.


  


Cingle de la Torca del Agua.


  


La Torquilla.


Paredes de la Torquilla.


   


    


Paraje del Navazo, justo al norte de las Torcas. Un lugar de probable formación de otra dolina.


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