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Mostrando entradas de marzo, 2017


Fuente de El Pilar, en La Alberca de Záncara

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Continuamos con el catálogo de fuentes romanas en la provincia de Cuenca. Lo cierto es que está resultando más escueto de lo que me imaginaba, porque de las que dicen romanas la mayor parte no lo son, o no queda nada que permita datarlas en este momento. La que toca hoy, en La Alberca de Záncara, sí que lo es, aunque muestra una importante serie de intervenciones en varios momentos distintos, que han tendido hacia una cierta monumentalización del espacio.
Conocida como Fuente del Pilar, o Fuente Vieja, o Fuente Dulce, se construyó en las proximidades de la vieja calzada romana de Cartago Nova a Compluto. Siglos después fue el origen de la localidad, que se repobló (como tantas otras en La Mancha) en torno al punto de agua. De ahí el topónimo de la población, por el pilón abovedado del manantial. Es muy curiosa de ver, y aunque enjundia turística por sí misma no tiene demasiada, está en el centro de una zona magnífica para itinerarios de patrimonio y cultura.











El Desierto de Bolarque

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Decían que tal era su aislamiento que las tropas napoleónicas, que intentaron saquearlo en varias ocasiones, jamás lo encontraron. Decían que extrañas nieblas que se alzaban de los ríos desorientaban al invasor a cada intento. También espantosas tormentas, que se formaban como por ensalmo sobre aquellas cumbres. Decían que el rey Felipe III, cuando visitó el lugar, quedó horrorizado por las escarpaduras y fragosidades que creaban Tajo y Guadiela en su confluencia, en el lugar que con justicia llamaban La Olla, pues aquello no era junta de afluente y caudal, sino violento encontronazo de dos iguales, topando testuz contra testuz entre crestas y aristas pavorosas. Decían que el lugar estaba infestado de alacranes, sierpes y alimañas, pero que en dos siglos y medio de existencia jamás fue importunado ni uno de aquellos frailes enloquecidos de fe. Decían que en el estrecho pedazo de cielo que el abismo permitía atisbar, de tarde en tarde se veían fulgores y extraños prodigios, y las gente…