La Balsa de Valdemoro





Hoy toca uno de los manantiales con cascadas incorporadas más espectaculares de toda la Serranía de Cuenca, en este esplendoroso mes de mayo. No hemos tenido una primavera igual en mucho tiempo (y el comentario va con doble sentido). La parte buena es que nos queda justo un mes para disfrutarla.

Como no podía ser de otra forma a tenor de las abundantes lluvias, en estos días la Balsa va muy bien de agua, aunque la he llegado a ver bastante más crecida. Es un manantial muy copioso, con fuertes variaciones estacionales (como casi todos) y además con cierta retranca, pues experimenta cambios siempre con unos días de retraso a las precipitaciones, lo que apunta a un sistema subterráneo de grandes dimensiones.

El lugar es precioso en cualquier época del año, pero ahora las imágenes lo cuentan mejor que cualquier descripción, así que voy a prescindir de la verborrea. De visita más que recomendada. Se accede bien, con cualquier vehículo y un poco de cuidado, salvo en época de fuertes lluvias. El lugar no está apenas habilitado para las visitas, con lo cual es necesario afinar la precaución para no causar daño. Aparte de los consejos generales de conservación, es importante no pisar los travertinos ni la vegetación que crece sobre ellos, ni trepar las cascadas. Es recomendable llevar un calzado impermeable (o directamente uno de repuesto). Tiene un buen merendero justo al lado, con fuente y barbacoas cubiertas. Y sin dejarlo estar, que bajará el caudal y se agostará la vegetación.



  


Ruinas del muy antiguo Molino de la Toba, de dos piedras. Cerró el año 1967, y aún se recuerda al Tío Manquillo, el último molinero. Yo lo he llegado a ver, hace años, con la cubierta y bastante completo. Era una buena instalación, mejorada y reformada en varias ocasiones.


  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

Añadir leyendaSenda de subida a lo alto de la cascada, tallada en roca y con un curioso zig-zag.

  

El arroyo en la parte superior de la cascada. Como toda cascada formada por travertinos, ha tenido cambios sustanciales a lo largo del tiempo, acentuados por el uso antrópico, para el servicio del molino y regadios. Hace años se habililitó un pequeño sistema de acequias para dividir el caudal y hacerlo caer a lo largo de toda la cascada.  

  

  

  

  

  

El manantial, y la vieja balsa de agua en segundo término. la primera cascada está detrás de los árboles del fondo.

  

  

  

Frutales y bancales en decadencia de lo que fue una buena propiedad. Buen par de cerezos, por cierto, pero ni media cereza. Debieron perder la flor con los hielos tardíos, aunque el lugar no está tan alto, a unos 1100 metros de altura. Verdaderamente que, como decía el Tío Tomín, hay árboles listos y hay árboles tontos. El cerezo es de los tontos, casi tan tonto como el almendro, que es lo más tonto que en árboles puede haber. Y yo que me acercaba con toda mi ilusión depredadora. Qué fiasco, pardiez. 

  

El merendero de la Balsa, junto al molino y las cascadas.

Muro superior del molino.

  

  

  

  

  

  

Una buena noguera. El que la plantó no vivió para verla así.



  

  

  

  

  
Río Guadazaón, y el segundo escalón de saltos de agua. La pradera tras la primera fila de saltos es un verdadero canchal que dispersa el agua, que cae completamente dividida al río en varios lugares. El Guadazaón todavía lleva aquí un agua turbia, rojiza, rodena, que se irá tornando caliza poco a poco.

Los Campos de Asfódelos.



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