Treinta, o pocos más, desaforados gigantes...




Molinos de viento de Mota del Cuervo y Campo de Criptana, en la más genuina de nuestras rutas manchegas. No deja de ser curioso (pero justo al fin y al cabo) que el sencillo artilugio que es un molino de viento se haya convertido, desde mediados del siglo XIX, en el emblema e icono universal de la mayor comarca natural española: la llanada manchega. En ello, por supuesto, Miguel de Cervantes tuvo mucho que ver. Cervantes, y el asombroso poder de los símbolos en el edificio del conocimiento humano.

Se ha hablado mucho sobre los orígenes del molino de viento manchego, desde la teoría que habla de un origen mediterráneo hasta la que defiende una procedencia centroeuropea. Seguramente, como suele ocurrir casi siempre en estos casos, el molino de la Mancha sea en definitiva un híbrido entre ambas.

Sobre los años en que aparece, parece claro que los primeros ingenios son bajomedievales, aunque los molinos de viento se multiplican por toda la comarca en una circunstancia climática muy concreta: el apogeo de la Pequeña Edad de Hielo a partir de 1550, con severas sequías que mermaron drásticamente el caudal de los ríos manchegos. El molino de viento sólo tiene razón de ser cuando el molino hidráulico (más eficaz y completo) no es factible, y la Mancha (cuya etimología, por cierto, no tiene nada que ver con ser seca) tiene ríos y tuvo centenares de molinos de agua. Cuando Cervantes otea los treinta y dos molinos de Campo de Criptana hacia el año 1600 realmente está contemplando una profunda adaptación a una anomalía. Cuando en el siglo XVIII el clima comenzó a volverse más cálido y las precipitaciones aumentaron, el molino de viento retrocedió a la par que los rodeznos volvían a girar en el Záncara, en el Cigüela, en el Riánsares, en el Jabalón... Sólo fueron quedando molinos de viento activos en las áreas tan alejadas de río que los acarreos no salían a cuenta, esto es, en el centro de la cubeta manchega. Allí los sorprendió la irrupción de la maquinización moderna que fue deteniendo sus aspas a lo largo de los siglos XIX y XX.

Quedan pocos molinos de viento en la Mancha, al menos en relación a los que alguna vez tuvieron que ser, y apenas un puñado con la máquina operativa. En Mota y en Criptana son más los perdidos que los conservados, y aun así tenemos que congratularnos y agradecer los esfuerzos de décadas en su salvación y conservación. Son gigantes ancianos, y frágiles.




Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Mota del Cuervo.


Campo de Criptana.


Campo de Criptana.


Campo de Criptana.

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