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Agua...

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Imágenes sobre la marcha, en el itinerario del pasado martes por parajes muy conocidos y poco originales de la Sierra de Cuenca, todavía con los flecos de la gran nevada del día 11. Ha sido un invierno de los de antes, correoso y puñetero, pero pródigo en lluvias y nieves, prólogo muy quizás de una primavera explosiva y espectacular. Decía el filósofo de Mileto que el agua era el origen de todas las cosas, y viendo el agua brincar hasta por el más mínimo royuelo serrano, cues ta no creerle. Y es que, como decían antaño los vecinos de Huélamo, la Sierra de Cuenca “es tan abundosa de aguas que no hay otra cosa en ella sino fuentes y royos y ríos... y que las fuentes que hay es tan grande el número dellas y tan cristalinas y dulces que parece que no pueden ser mejores en el mundo" . Y es que mira que puede llegar a resultar bonito, en cualquiera de sus múltiples formas, el monóxido de dihidrógeno. Nacimiento del Río Cuervo. Laguna de Uña. Cañaveral. Cuenca...

El Toboso en veinte minutos...

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...o de cómo hacer una ronda frenética de fotografías en el tiempo libre que un servidor le ha dado a sus distinguidos y sufridos clientes antes de retornar a Cuenca. A este bello lugar de La Mancha vamos poco, seis o siete veces al año, y solemos ir tan apretados de horario que es utopía tener tiempo para disfrutar de la patria chica de doña Ana Zarco de Morales, de la que se dice estuvo enamorado cierto manco alcabalero de letras universales. Es una pena, porque El Toboso  es pueblo manchego relajado, no demasiado grande y asaz bien conservado, con rincones para el solaz y el paseo. También es monumental, de los mejores de los contornos. Tiene una magnífica iglesia, levantada a conciencia por la Orden de Santiago, dos conventos en activo (de trinitarias y de clarisas, con una repostería a la altura del más opíparo pecado capital), unas cuantas ermitas, y casonas con patio, y pozos, y cuatro museos. Sin olvidar por supuesto el recurso estrella, la Casa de la Torrecilla...